lunes, 18 de agosto de 2008

Las proezas de Dios


El Salmo 150 fue dirigido a los levitas, músicos y cantores del pueblo de Israel.

En esta porción de la Escritura se exhorta a alabar a Dios pro sus proezas.

Las proezas de Dios son actos poderosos, maravillosos y grandes que el Señor ejecuta en la naturaleza y en el mundo espiritual con el propósito de hacer algo a favor de sus criaturas, especialmente tomando en cuenta al hombre.

Cuando los judíos salieron de Egipto e iban rumbo a la Tierra Prometida, se enfrentaron a un terrible problema: detrás de ellos venía el ejército del Faraón que decidió, a última hora, no dejarlo escapar. Lo segundo es que por delante tenían las profundas aguas del Mar Rojo.

Ante esta situación, ¿qué podía hacer Moisés? Dios le dijo que tocara con su vara las aguas. Ante los ojos del pueblo, el mar se abrió en dos y todos cruzaron en seco. Dios hizo una gran proeza.

¿En qué situación te encuentras tu en esta hora? Quizás en estos momentos estés ante una enfermedad, una crisis económica, la desilusión, la frustración, la situación de tus hijos o el despido de un trabajo. Te sientes atrapado.

Este es el momento en que Dios puede hacer proezas a favor de tu vida. De manera maravillosa él te puede sacar de tu problema, necesidad y situación. Sólo confía en su grandeza y poder.

Lo hizo ayer, también lo hará hoy. Sólo que no debes olvidar alabarlo por lo que hará en tu vida.

viernes, 15 de agosto de 2008

Como el águila (I)


El águila es un ave que tiene características muy especiales.

Una de ellas tiene que ver con su estado de desarrollo. Cuando se encuentra aún en el cascarón, en el pico tierno va creciendo una especie de diente fuerte. El único objetivo de este diente es romper la cubierta blanca.

Lo curioso es que el pichón no rompe el cascarón de un solo golpe ni en un solo día. Se toma un cierto tiempo para lograrlo.

La razón es que si lo hace de una vez, el polluelo moriría tan pronto haga contacto con la superficie. El se va fortaleciendo en la medida que pasa el tiempo requerido y según va ejercitándose con los golpes.

Muchas personas quieren lograr grandes metas y cosas extraordinarias en la vida pero sin pasar por el proceso requerido para esto.

El caso más conocido es el de los padres que desean librar a sus hijos del sacrificio y del esfuerzo que comúnmente se libra en la vida para llegar a tener cosas y ser alguien.

Pero esto es tratar de burlar el elemento vital que nos lleva a saber combinar los logros con la madurez necesaria para vivir con sobriedad, templanza y mesura.


miércoles, 13 de agosto de 2008

Fe en las dificultades


Nerón fue uno de los emperadores más drásticos surgido durante la época del floreciente Impero Romano.

Aparte de la paranoia que le llevó a atacar a todos los que consideró conspirar contra su posición, desató una persecución tenaz contra los cristianos.

Tal fue el asedio, que los hermanos de la iglesia de Jerusalén tuvieron que abandonar su país y dispersarse por diferentes naciones para poder escapar al encierro, la tortura y los asesinatos desatados.

Las razones de ataque contra los cristianos fueron las siguientes: Se negaron a adorar al emperador como un dios y por lo tanto se les consideraba ateos y traidores. Se negaron a adorar en los templos paganos, de modo que los negocios en esos lugares perdían dinero ante la conversión masiva al cristianismo.

De igual modo no apoyaron los ideales de Roma del ego, poder y conquista, mientras que los romanos rechazaban el ideal cristiano del servicio altruista. Y, por último, pusieron al descubierto y rechazaron la terrible inmoralidad de la cultura pagana.

Fue dentro de ese contexto que al apóstol Pedro le tocó la difícil misión de alentar a los expatriados para que su fe no desmayara en medio de la incertidumbre.

Las palabras del apóstol buscaban levantar el aliento y mantener firme la fe aún cuando todo parecía venirse en contra.

No era una tarea fácil. La desesperación tentaba a algunos a transigir con sus principios.
Sin embargo, Pedro logró levantar los ánimos y cohesionar la fe hasta el último momento.

El mayor ejemplo lo constituyó el mismo apóstol, quien pidió a sus verdugos crucificarlo con la cabeza hacia abajo, por no sentirse digno de que fuera como lo hicieron con su Maestro. Esta vez no negó a Jesús, sino que dio lo más preciado de si por él, su propia vida.