miércoles, 13 de agosto de 2008

Fe en las dificultades


Nerón fue uno de los emperadores más drásticos surgido durante la época del floreciente Impero Romano.

Aparte de la paranoia que le llevó a atacar a todos los que consideró conspirar contra su posición, desató una persecución tenaz contra los cristianos.

Tal fue el asedio, que los hermanos de la iglesia de Jerusalén tuvieron que abandonar su país y dispersarse por diferentes naciones para poder escapar al encierro, la tortura y los asesinatos desatados.

Las razones de ataque contra los cristianos fueron las siguientes: Se negaron a adorar al emperador como un dios y por lo tanto se les consideraba ateos y traidores. Se negaron a adorar en los templos paganos, de modo que los negocios en esos lugares perdían dinero ante la conversión masiva al cristianismo.

De igual modo no apoyaron los ideales de Roma del ego, poder y conquista, mientras que los romanos rechazaban el ideal cristiano del servicio altruista. Y, por último, pusieron al descubierto y rechazaron la terrible inmoralidad de la cultura pagana.

Fue dentro de ese contexto que al apóstol Pedro le tocó la difícil misión de alentar a los expatriados para que su fe no desmayara en medio de la incertidumbre.

Las palabras del apóstol buscaban levantar el aliento y mantener firme la fe aún cuando todo parecía venirse en contra.

No era una tarea fácil. La desesperación tentaba a algunos a transigir con sus principios.
Sin embargo, Pedro logró levantar los ánimos y cohesionar la fe hasta el último momento.

El mayor ejemplo lo constituyó el mismo apóstol, quien pidió a sus verdugos crucificarlo con la cabeza hacia abajo, por no sentirse digno de que fuera como lo hicieron con su Maestro. Esta vez no negó a Jesús, sino que dio lo más preciado de si por él, su propia vida.

No hay comentarios: